la certeza de las ficciones

septiembre 25, 2011 Comentarios desactivados en la certeza de las ficciones

Quizá los antiguos estaban más cerca de clavarla que nosotros cuando dieron por hecho que teníamos un alma, pues ¿acaso no es cierto que el alma es el síntoma de que vivimos alejados de la verdad? Es posible que ahora unos cuantos modernos arruguen su nariz y nos repitan esa monserga de que no hay verdad, de que todo cuanto podamos decir es un punto de vista, que cada uno es libre de creer en lo que quiera… Etcétera. Pero el problema de los modernos es que no entienden que una cosa es decir la nieve es blanca y otra decir, pongamos por caso, que la nada, en un cierto sentido, es. En el primer caso, la verdad se rmuestra como una correspondencia entre lo que decimos y los hechos. En el segundo, como lo que en verdad tiene lugar. En el primer caso, la verdad es algo casi trivial. En el segundo,  está hecha con los materiales de la ausencia. Sea como sea, no hay que ser muy listos para caer en la cuenta de que, por ejemplo, la existencia es en verdad un plazo y que de hecho nosotros vivimos de espaldas a esta verdad. Hay algo así como un décalage en nuestro interior: como si pudiéramos ver más allá de lo que somos capaces de soportar. Lo más íntimo es, ciertamente, esa conciencia de hagamos lo que hagamos seguimos en falso. Y ante tal dato ¿quién se atreverá a negar que hay algo en nosotros que no acaba de coincidir con nosotros? Probablemente, podríamos cargar con una existencia dada como plazo, si pudiéramos creer que hay por ahí, detrás del velo de la muerte, un especie de cobrador del frac esperándonos para pasar cuentas. También, probablemente, aumentaría nuestro temblor de piernas. Pero hoy por hoy quizá debamos conformarnos con un tambaleante como si. De hecho, este es el precio que tuvimos que pagar para vivir como si Dios no fuera real.

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