la totalité

octubre 4, 2011 Comentarios desactivados en la totalité

Puede que la realidad de la guerra —la lucha del hombre contra el hombre— sea una última palabra. Ésta era, como sabemos, la convicción de Nietzsche. También la de Spinoza. Ahora bien, la cuestión aquí no es si, frente a ella, podemos oponer nuestra fe en la bondad. Esta fe aún tiene demasiado que ver con nosotros, con nuestra necesidad de que la fiesta termine bien, como para que podamos decir que es verdadera sin sonrojarnos. La cuestión es si el hombre es —o no es— un fragmento de la Totalidad; si acaso los hombres no serán más que títeres ilusionados, instrumentos de una materia —un gen, diríamos hoy—  cuyo avance no tiene otro propósito que el de seguir estando ahí. Una materia, un gen, que exigiría, ciertamente, nuestra fe pero sólo como la zanahoría que hace que la mula tire del carro. Connatus esse conservandi. El javhista —uno de los tres compositores de los grandes textos bíblicos— ya comprendió hace unos cuantos miles de años que el hombre solo puede liberarse de la Totalidad qua individuo, es decir, como aquel enajenado que no puede reconocerse en nada que suene a arquetípico. No casualmente Abraham no encuentra a Dios en ningún lugar. Como si el precio que tuviéramos que pagar por nuestra libertad fuera, precisamente, el de un irremediable desarraigo. La guerra ya no puede tener la última palabra para un hombre que queda en suspenso, fuera del mundo, sometido a una gran perplejidad. La Totalidad, ciertamente, está todavía en juego para quien ha sido arrancado de la tierra.

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