mediaciones

octubre 5, 2011 Comentarios desactivados en mediaciones

En el judaísmo de los tiempos de Jesús, la creencia acerca de un mediador entre un Dios inaccesible y los hombres no era del todo extraña. De Dios, los hombres no solo tenían la Creación o la Ley, sino que también podían contar con aquél que se interponía entre ellos y DIos. Se discutía si este mediador tenía que comprenderse como un hombre elevado a las alturas de Dios o si se trataba de una figura ya de por sí divina o, cuanto menos, angélica. Y que en los evangelios nos encontremos con ambos puntos de vista ya nos da a entender que, con respecto a Jesús de Nazareth, las cosas no es que estuvieran muy claras de buen comienzo. Sabemos, sin embargo, que la ortodoxia se acabó decantando por la segunda opción, la del descenso de Dios. Ahora bien, lo hizo de tal modo que nadie con una mínima sensibilidad religiosa podía aceptarlo sin enloquecer, pues lo cierto es que ese descenso no fue, lo que se dice, un paseo, sino más bien todo lo contrario. Y es que el núcleo duro de la confesión creyente no sostiene que Dios descendió para darnos una lección —o, como también suele decirse, para enseñarnos el camino de la perfección moral—, sino para morir por nosotros, esto es, en nuestro lugar. Todo un marrón, ciertamente. Al menos para Dios.

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