tractatus logico-theologicus
octubre 8, 2011 Comentarios desactivados en tractatus logico-theologicus
Si Dios es real —que lo es—, entonces Dios no se da en el plano de los hechos, ni siquiera en el de los sobrenaturales. Mejor dicho, si Dios es real, Dios no se da en absoluto. O, como ya supieron ver los autores bíblicos, un Dios de verdad no puede darse como presente. Por tanto, Dios no puede comprenderse como ese fuego, de momento invisible, que está detrás del humo que sí podemos ver. Dios no es un hecho (o un ente) invisible. Los hechos no coinciden con lo real. Los hechos siempre se dan según la medida de nuestra receptividad y nada enteramente otro se da según los estrechos márgenes de esta medida. Al fin y al cabo, es cuestión de seguirle la pista al lenguaje: lo que se da en relación con las condiciones de una receptividad no puede ser nada en verdad otro para esa receptividad. Lo en verdad otro es, por defecto, inasible. Pero no porque sea una cosa inasible, sino porque en absoluto acaba de tener lugar. Ante la alteridad radical uno no sabe qué decir. Se encuentra ahí, pero no se nos da de un modo determinado. Tanto puede ser una cosa como otra. Siempre más allá como aquello que se encuentra ciertamente ahí, pero que debe ser negado —sepultado, olvidado— para que nosotros podamos existir. Tan alucinante como horrible, la alteridad radical es, sencillamente, traumática. Un vértigo. Es por eso que lo real —el carácter otro de Dios— tuvo que ser dejado atrás para que pudiéramos habitar un mundo. El mundo es el muro de contención de lo real. Vivimos, ciertamente, de espaldas a lo real. Es por eso que todo pasa y nada acaba de tener lugar. Pero también por eso mismo lo real es lo que debe acontecer como el término del mundo.