mundo feliz 2.0
octubre 9, 2011 Comentarios desactivados en mundo feliz 2.0
Hay muchos cristianos que siguen convencidos de que otro mundo es posible… como si el Crucificado hubiera muerto en balde. La fórmula es tan antigua como la religión: se trata de hacer lo debido para que todo se encuentre bajo el amparo de la divinidad. Aquí da igual si lo que hay que hacer es sacrificar al cordero o convertirnos en hombres y mujeres definitivamente buenos. En cualquier caso se trata de hacer lo que marca esa instrucción salvífica que es la Ley. Pero una de las lecciones del cristianismo es que la Ley no salva. Ni siquiera la de Dios. Si la Ley bastara, entonces no hubiera sido necesaria ninguna Encarnación. Pero Dios tuvo que inmolarse en una Cruz porque los hombres siempre acabamos cubriendo con nuestra propia mierda la vida que nos ha sido dada. Un corazón de carne sólo lo poseen, no ya quienes creen haber alcanzando el ideal de la bondad, sino esos podridos de sí mismos que reciben y aceptan el perdón de los crucificados de este mundo. Pero esto —lo que se dice la Gracia— tampoco depende del hombre. Y es que quien cree en la Ley no cree en Dios, sino en la posibilidad del hombre, lo cual siempre se encuentra al servicio de nuestra satisfacción. Una vez ya sabemos qué hemos de hacer para cambiar el mundo, el Mal, ciertamente, deja de inquietarnos con su ominosa presencia. Pelagio y sus descendientes siempre tuvieron felices sueños. Sin embargo, una cosa es confiar en las posibilidades transformadoras del ideal, aunque sea de Dios, y otra ponerse en manos de Dios… como si solo Dios pudiera poner fin a este enredo. No casualmente, la redención cristiana es una anticipación de lo que en modo alguno puede concebirse como el último estadio del mundo, sino tan sólo como su final.