destinos

octubre 12, 2011 § Deja un comentario

Mi tío el juez sirvió durante la guerra en la marina y una granada le cercenó el brazo izquierdo y la mano derecha. Pese a ello, durante mucho tiempo no se dio por vencido. Dicen de él que fue un buen juez, humano, un hombre íntegro y con un gran sentido de la justicia. Le gustaba salir de caza y tenía un coto pequeño. Una mañana se adentró en el bosque, se llevó el doble cañón de la escopeta a la boca y apretó el gatillo con el muñón del brazo derecho. Llevaba puesto un jersey negro de cuello alto; había colgado la chaqueta de una rama. Se voló la cabeza. Muchos años después tuve la ocasión de ver las fotografías. Dejó una carta breve para su mejor amigo, en la que decía simplemente que estaba harto. La carta empezaba con estas palabras: «la mayoría de las cosas son complicadas y la culpabilidad es siempre un asunto peliagudo.» Sigo echándolo de menos. Todos los días.

Ferdinand von Schirach

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