perijóresis

octubre 15, 2011 § Deja un comentario

El dogma de la Trinidad quizá no pretenda decirnos otra cosa que la siguiente: que no es posible separar al Dios de las alturas del Crucificado. Que uno va con el otro. Y que, a su vez, ambos son inseparables de la vida que dejan en el hombre, pues la vida que el hombre pueda tener más allá de la muerte es siempre la vida de un Dios crucificado. Por tanto, nada más de Dios que esa vida. Aunque tampoco menos. En cualquier caso, algo difícil de tragar para quienes necesitan un dios que prometa felicidad a cambio de sacrificio. Por eso cuando oyes decir a según qué catequistas que esto de la Trinidad es una fumada, no puedes evitar pensar que para hundir el cristianismo no hace falta ningún Nietzsche: basta con esos mismos catequistas, que, como la zorra de la fábula, desprecian la verdad que ignoran.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo perijóresis en la modificación.

Meta