casi elemental

octubre 18, 2011 Comentarios desactivados en casi elemental

¿En qué momento podríamos decir que nos enfrentamos a Dios? No, ciertamente, cuando deseamos que haya alguien ahí arriba que cuide de nosotros, sino cuando comenzamos a sufrir el desencaje del mundo, el hecho de que no puede haber reconciliación. Aunque sea en lo más profundo del corazón, los padres incuban el desprecio hacia sus hijos y los hijos, el odio hacia sus padres; los amantes, la infidelidad; los amigos, la traición. Podemos, sin duda, no darnos cuenta de ello: podemos permanecer bajo el amparo del mito. Pero no es casual que quienes se han enfrentado a Dios, quienes se encuentran en verdad sometidos a su altura y no solo a una de sus múltiples imágenes, existan como aquellos que fueron arrojados al mundo, dejados de la mano de Dios. Y tampoco es casual que solo ellos, quienes le invocan ante un muro de piedra, sepan dirigirse honestamente a Dios. No cabe otra invocación, pues, que la de quien pide a Dios por Dios. Y del lado del hombre, lo que no es invocación, es respuesta.

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