o lo uno o lo otro (y 3)
octubre 19, 2011 § Deja un comentario
Cuando no nos encontramos ante Dios, nuestra vida depende de una imagen ideal o, como tambien suele decirse, de un ídolo. Así, las mujeres, por lo común, de la imagen de una vida familiar: su vida valdrá la pena, creen, si logran agenciarse un buen padre para sus hijos. Los hombres, por su parte, dependen más de la imagen del gran cazador de osos o, quizá deberíamos decir, de osas. Pues bien, nada que tenga que ver con Dios puede darse en medio del bullicio de las imágenes. Al contrario, el hombre topa con la insoportable alteridad Dios solo cuando se quiebra su espontánea fe en las imágenes y, por tanto, cuando ya no puede seguir confiando en sí mismo, en su posibilidad. No es casual que, bíblicamente, la experiencia de Dios comience con la de un radical desamparo. Como si solo pudiera saber de Dios quien ha sido dejado de la mano de Dios. Es cierto, pues, que o estamos sometidos a Dios o al poder de una imagen. Tertium non datur.