pero también hacia atrás
octubre 20, 2011 § Deja un comentario
Nada de lo que podamos tener a mano vale en verdad. Puede que nos resulte agradable o que incluso le cojamos cariño, pero en modo alguno se nos dará como aquello que debe ser preservado de la erosion de los días. Y es que solo valoramos lo que no podemos poseer. O mejor dicho, eso que ya nunca podremos alcanzar porque fue dejado definitivamente atrás. Vale, pues, lo que perdimos, pues aunque sea cierto que no poseemos aquello que deseamos, aquello que deseamos es algo que, en principio, cabe poseer. Un objeto de deseo es algo que todavía no poseemos. Pero un padre muerto, por ejemplo, es algo que nunca más podremos tener a mano. Cualquiera que haya vivido lo suficiente sabe que lo que fue en verdad nuestro padre solo se nos revelará una vez nos haya dejado definitivamente. Como si la verdad de lo vivido tan solo pudiera ser re-presentada. Sin duda, podemos decir que desearíamos volver a ver a nuestro padre, pero se trata de un deseo paradójico. Se trata de un deseo hacia atrás, de un deseo inviable. Es por esto que este deseo únicamente puede darse como un querer recuperar lo que en modo alguno cabe recuperar… a menos que eso que perdimos se nos aparezca de nuevo, desde un pasado inmemorial, esto es, a menos que nuestro padre regrese de la muerte. De ahí que nuestra relación con el valor, nuestro deseo por eso que fue dejado atrás, solo pueda exponerse como anhelo religioso, al fin y al cabo, como la esperanza de un imposible que, en cierto modo, tiene que darse de nuevo. Pues la intensidad de nuestra vida –su densidad, su integridad– va a depender de nuestro vínculo con eso que tuvimos que dejar atrás para llegar a ser quienes somos en realidad, hombres y mujeres henchidos de nostalgia. Y, así, no debería extrañarnos que bíblicamente la genuina relacion con Dios, la invocación más honesta de Dios, sea la de aquél que aguarda el regreso de Dios. Maranatá.