expiación (y 2): a propósito de una conversación a medias con Carla T.

octubre 22, 2011 § Deja un comentario

Una de las cosas que no deja de llamarme la atención es el hecho de que los primeros cristianos, con Pablo a la cabeza, pudieran ver la Cruz como el sacrificio expiatorio de Dios mismo. Se trata de algo estrictamente increíble, esto es, de algo que no podemos ni siquiera concebir en tanto que no cuadra con lo que se entiende comúnmente por Dios. Para que nos hagamos una idea de lo que se nos está diciendo con esto del sacrificio expiatorio, supongamos que nos hallamos en un Läger. Unos prisioneros están a punto de ser colgados como castigo por haber matado y devorado a un niño bajo el peso del hambre. Podríamos decir que están a punto de recibir un justo castigo. El hijo del comandante, sin embargo, decide ofrecerse en su lugar, morir por ellos. En el fondo no se lo merecen: si actúan como perros es que llevan vidas de perro –le dice a su padre–. Y, si esto no fuese aún lo suficientemente delirante, va el padre y lo acepta: el hijo muere colgado en vez de esos miserables. La vida que pueden vivir a partir de ahora es la vida que el hijo les entregó. O, por decirlo con otras palabras, esos hombres están en deuda con el hijo… aunque solo unos pocos lo ven. Ahora bien, quienes lo ven, quienes entienden que le deben la vida, quienes pueden dar fe de ello, se sienten por eso mismo obligados a saldar la deuda dando su vida por esos hombres y mujeres que aún siguen viviendo como ellos antes, cubiertos hasta las cejas de su propia miseria. El padre, por su parte, no puede evitar ver a esos redimidos como si fueran sus propios hijos. Ellos ahora representan al hijo porque viven en lugar del hijo. O por decirlo en cristiano: por la intercesión del hijo, el padre pudo reconciliarse con ellos. Podríamos sacarle más punta a este lápiz, pero basta con lo dicho.

Pues bien, no hay productora, ni siquiera independiente, que aceptara este guión. Esto, literalmente, no hay quien se lo crea. De hecho, muchos cristianos de hoy en día tampoco se lo creen, pues para ellos Dios sigue siendo algo así como un fantasma bonachón o, lo que es peor, una especie de vibración cósmica. Nada que ver con esta historia. Como si no hubiera ocurrido. Pero sin esta historia no hay cristianismo que valga. Al menos qua cristianismo.

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