K7

octubre 30, 2011 § Deja un comentario

El séptimo de Kieslowski es un pedazo de vida en tres cuartos de hora de celuloide. La situación podría esquematizarse del siguiente modo: una chica de dieciséis años se queda embarazada de su profesor de literatura. Los padres de ella deciden apadrinar a su nieta como si fuera su hija. Se echa tierra encima y aquí no ha pasado nada. Sobre el papel, probablemente sea la mejor decisión. La madre biológica es una mujer que no parece que pueda cargar con el peso de su maternidad –es, literalmente, una histérica– y el padre no está por el asunto de formar una familia, como quien dice. La vida de la niña fue el fruto de un error y, por eso mismo, la decisión que tomaron es, al menos sobre el papel, conforme a lo que debe ser. Sin embargo, es difícil trazar una línea que separe a quienes hacen lo debido de quienes no. Mejor dicho, no parece que quienes hacen lo debido sean mejores personas por hacer lo debido. De hecho, los motivos por los que hacen lo debido nunca son puros. Más aún: parece como si solo fuera posible realizar lo debido cercenando alguna de las posibilidades del bien. Todo es mezcla, al fin y al cabo. O, por decirlo a la manera de la tradición: tarde o temprano acabamos ensuciando la vida que nos viene dada. Peccatum originale. Es por eso que, si hubiera redención, está no podría darse en medio de los hombres como la realización de la pureza. Cine cristiano, sin duda. Y, quizá por eso mismo, no apto para quienes aún creen que uno por sí mismo puede hacerse capaz de Dios.

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