ciencia y espíritu
noviembre 14, 2011 § Deja un comentario
Dice Elisabet Sahtouris en la contra de hoy: no veo diferencia entre la ciencia y la espiritualidad. La idea, sin duda, suena bien. De hecho, posee profundas resonancias platónicas. Un científico, tal y como le ocurriera en su día a Platón, no puede contentarse con las apariencias: le resulta demasiado obvio que la realidad siempre se encuentra más allá. Y para muchos basta con poder trascender la inmediatez de lo dado para que la vida alcance una cierta elevación. Tal y como decíamos, se trata de platonismo. Otra cosa, sin embargo, es la otra espiritualidad, la que nace de un más allá opaco, inerte, humeante, el único que te aplasta contra la tierra y te obliga a mirar a tu alrededor, al fin y al cabo, la única trascendencia que marca los cuerpos sin espíritu con el aura de Dios. Ciertamente, se trata de un cielo menos atractivo que el anterior, pero quizá más verdadero, sobre todo para quienes no tiene la posibilidad de ir demasiado lejos en esto de la elevación. Un cristiano no debería olvidar que el espíritu que corresponde a un Dios que se encarnó en un crucificado no es el que nos eleva hacia lo alto, sino el que nos arrastra hacia las simas de la existencia, allí donde se cuecen los últimos días. No es de extrañar, pues, que nadie en su sano juicio prefiera seguir los pasos del nazareno. Y quien crea lo contrario es muy posible que confunda la pobreza monástica con la de los barracones de los lager.