marcajes
noviembre 15, 2011 § Deja un comentario
A menudo nos llenamos la boca contando nuestras experiencias de fin de semana o de cómo nos ha cambiado la vida ese cursillo de Tai-Chi, cuando lo único que marca nuestra vida es la muerte. Ahora bien, la muerte suele aparecer de dos modos diferentes: o bien, como mi propia muerte; o bien, como la muerte injusta del inocente. En el primer caso, nos preguntamos qué podemos esperar más allá de la muerte, si es que podemos esperar algo. En el segundo, nos preguntamos, si el Mal tendrá la última palabra. En el primer caso, la vida exige que no haya muerte. En el segundo, que haya finalmente justicia. En el primer caso, con facilidad nos imaginamos un más allá y, por eso mismo, la muerte se convierte en un tránsito. Pero lo que perdemos por el camino es lo mas vivo de la vida. En el segundo caso, sin embargo, no podemos concebir otra justicia que la imposible justicia de Dios. Pero solo así permanecemos bajo la demanda de un reparación infinita. Sea como sea, no estamos ante meras suposiciones, pues lo cierto es que no se vive del mismo modo en cada caso.