el problema es la solución
noviembre 16, 2011 § Deja un comentario
Dice Elisabet Sahtorius en la contra del otro día: la mitad de la evolución sucedió cuando sólo había bacterias en la tierra. Su fase juvenil ocasionó muchísimos problemas globales. Se comieron todos los azúcares y los ácidos libres que había en el planeta provocando una hambruna mundial, pero con esta crisis se volvieron creativas. Se inventaron la comida a partir del sol, del agua y de los minerales; es decir, inventaron la fotosíntesis. Y tuvieron tanto éxito que ocasionaron polución global, porque al hacer la fotosíntesis desprendían un gas residual, el oxígeno. El oxígeno es un gas letal para las moléculas, esa es la razón por la que todo el mundo toma antioxidantes. Al principio la tierra y el océano absorbieron el oxígeno. El resto se fue a la atmósfera, compuesta de un 21% de oxígeno. Con un 1 o 2% más de oxígeno en nuestra atmósfera todo se quemaría; y con un 1 o 2% menos no podríamos respirar. El oxígeno estaba matando a muchas bacterias, así que unas se fueron hacia dentro de la tierra para escapar y otras desarrollaron una especie de escudo solar y comenzaron a utilizar el oxígeno para aplastar la comida (moléculas) y poder absorberlas, aprendieron a respirar. Estas eran las que tenían más energía, las más desarrolladas tecnológicamente; inventaron el motor eléctrico.
Esto es la vida, ciertamente. Y la vida más desnuda, por si aún no lo sabíamos, no puede diferenciar entre el bien y el mal. La situación terminal acaba siendo el germen de nuevas posibilidades. Tenía razón Nietzsche: la vida avanza fagocitándose a sí misma. O, como se decía en cristiano, Dios escribe derecho con renglones torcidos. Por eso me imagino a los que poseen soluciones de taxista diciéndoles a las bacterias que no pueden seguir comiendo azúcar como si nada; que de lo que se trata es de racionalizar su consumo. Pero es obvio que no estaríamos aquí escribiendo esto si le hubieran hecho caso a su taxista. Con todo, de aquí no se deduce que dé igual lo que hagamos, pues lo cierto es que somos quienes se encuentran sometidos al principio del no matarás como si fuera el mandato mismo de Dios. El tabú va, ciertamente, con nosotros. De hecho, lo que se deduce es que no somos de este mundo, como quien dice. O también que la obediencia al mandato de Dios no deber comprenderse como aquello que uno tiene que hacer para solucionar de una vez por todas el problema de la existencia. Aunque esto ya tuvo que verlo el bueno de Job hace ya unos cuantos miles de años.