fast food

noviembre 17, 2011 § Deja un comentario

La experiencia misma de lo real es inseparable de la del silencio o la nada. Pues solo en el seno de la nada –solo bajo el peso de un gran silencio– algo puede acontecer, precisamente, como alteridad. Lo real o permanece siempre fuera de mi alcance o no acaba de ser real. Todo aquello de lo que pueda apropiarme, todo cuanto pueda ingerir o asimilar, al fin y al cabo, cualquier cosa con la que pueda topar, no es nada en verdad otro, sino algo que se da en relación a mí y, por eso mismo, podríamos decir que forma parte de mí. Una hamburguesa sigue siendo algo-ahí siempre y cuando no me la coma. Por definición, lo real es lo inalcanzable de la existencia, un exceso, un más allá irreductible, lo que en modo alguno puede ser modificado. De ahí que la realidad no sea nada en particular, sino en cualquier caso la posibilidad siempre diferida de la Cosa. Idea. O, por decirlo de otro modo, aquello en verdad otro se encuentra sea como sea fuera de campo. Los guionistas de Hollywood lo saben perfectamente, pues si quieren provocar en el espectador la sensación del acontecimiento solo tienen que hacer el silencio dentro de la escena: cualquier espectador sabe que algo tiene que ocurrir a continuación. Mejor dicho: pase lo que pase, aun cuando no pase nada, eso que pase será lo que ocurra. Y es que una cosa es el Alien que sabes que está pero que que no aparece por ningún lado y otra el bicho que entra en escena para comerse a los protagonistas. En el primer caso, se trata de la Cosa, en el segundo de una cosa entre otras, algo al fin y al cabo asimilable, aun cuando cueste de tragar. La Cosa da miedo. Los bichos, en cambio, solo a los que se dejan impresionar fácilmente por los fantasmas.

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