la cura
noviembre 19, 2011 § Deja un comentario
La entereza, la posibilidad de alcanzar la libertad de espíritu, depende de que nuestra vida no pretenda otra cosa que encarar aquello que nos supera por entero y que, por tanto, jamás podremos retener. En este sentido, no deberia extrañarnos que el buen fotógrafo esté obsesionado con ese momento en que la mirada no coincide con el cuerpo. O el músico, con esas notas que preservan el silencio. O el poeta, con las palabras que revelen la nada que cubre el mundo por entero, cielos incluídos… No obstante, estas obsesiones, a pesar del aire de familia, se diferencian de la típicamente religiosa, pues aquí no se trata de coincidir con la divinidad, sino con su eco, su resto, su huella. Y quizá sea por esto que las vidas de estos exploradores nos resulten más creíbles –más honestas– que la de aquéllos que alardean, aunque sea con falsa humildad, de sus conexiones con la divinidad.