el amigo de Nietzsche

noviembre 27, 2011 Comentarios desactivados en el amigo de Nietzsche

Ciertamente, sabemos demasiado, demasiado especialmente de cosas de las que no podemos saber, de las cosas últimas, de la muerte.

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[La vida contemplativa y el ideal ascético constituyen] una metamorfosis de la fe cristiana primitiva en el regreso de Cristo […] en la medida en que se basa en la permanente esperanza de este regreso; por lo tanto, continúa considerando que el mundo está maduro para la decadencia e impulsa a los fieles a alejarse de él, para estar así preparados para la inminente aparición de Cristo. La esperanza del regreso de Cristo, que se volvió insostenible en su forma originaria, […] se transformó en el pensamiento de la muerte, que ya después de Ireneo debe acompañar permanentemente al cristiano; en el memento mori con que el saludo cartujo resume la sabidruía fundamental del cristianismo más profundamente que, por ejemplo, la fórmula moderna según la cual no debe «interponerse ningún obstáculo entre los cristianos y su fuente primitiva», fórmula un tanto superficial si se olvida que el mundo —según la visión del cristianismo— es parte de ese obstáculo.

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Originariamente el cristianismo habló de un nuevo tiempo sólo bajo una condición que no se cumplió, la condición de que se extinguiera el mundo existente y dejara lugar a uno nuevo. [….Pero] es el mundo lo que se ha afirmado, no la esperanza cristiana del final.

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El cristianismo es algo demasiado elevado como para que, en un mundo tan alienado del cristianismo, se le permita al individuo identificarse fácilmente con él sin más.

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Entre los hombres serios, el cristianismo nunca se ha fundado en nada que no fuera el carácter impío del mundo.

 

Franz Overbeck

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