6:00 am

noviembre 28, 2011 § Deja un comentario

Lo más cierto es que no viviremos siempre. Tarde o temprano llegará el día de nuestra muerte. De aquí a unos años —o quizá de aquí a unas horas— la vida seguirá sin ti. Pero tampoco vivirá eternamente ese cuerpo que acaricias. Murieron tus padres. Morirá tu esposa. Morirán tus amigos. También morirán tus hijas. Ninguno de tus contemporáneos vivirá de aquí a cien, doscientos años. Nuestro cuerpo se revela como el mero portador de una vida que se reproduce ciegamente a sí misma. Prevalece, pues, la muerte. ¿De qué va todo esto, el bullicio de la vida, la alegría de esos niños que juegan con el agua como si, al fin y al cabo, no hubiera más que vida? ¿Qué hacemos aquí?

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