mil quinientos metros lisos

diciembre 1, 2011 § Deja un comentario

Resulta obvio que sin reflexión no vamos muy lejos. Otra cosa, sin embargo, es qué merece nuestra reflexión. Por lo común, la reflexión tiene que ver con el cómo. Así, un corredor de los mil quinientos suele preguntarse sobre la mejor manera de plantear la carrera. Y quien no lo hace no suele ganar. Ahora bien, la reflexión también puede afectar a la meta: ese mismo corredor también podría preguntarse qué sentido tendría ponerse a correr… teniendo en cuenta, por ejemplo, que nos vamos a morir. La primera cuestión no divide a los hombres. O mejor dicho, la diferencia entre quien se pregunta por el cómo y quien no puede que sea anecdótica. Tiene que ver con la efectividad de lo que hacemos, al fin y al cabo, con lo que exige nuestra adaptación a las circunstancias. La segunda en cambio divide a los hombres sustancialmente. Pues quien se pregunta por el sentido de las metas habituales no suele comenzar la carrera. Su vida queda, como quien dice, en suspenso. Por eso no es causal que los primeros triunfen y los segundos no. Lo soprendente es que un Platón viera en Sócrates, acaso el primero que hizo de su vida un interrogante, a aquél que, a diferencia del resto, supo vivir en verdad. Pero lo cierto es que de esta lluvia vienen nuestros lodos, esto es, Occidente, pues solo en Occidente aquellos que se han convertido en un problema para sí mismos alcanzan algo así como una grandeza de espíritu… aunque sea al precio de no saber cómo ubicarse en este mundo. De ahí que la cuestión de la política en Occidente sea, precisamente, la de cómo conciliar una vida lograda con una vida en común, cuestión que, no obstante, acaso solo pueda resolverse en falso.

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