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diciembre 13, 2011 § Deja un comentario
De lo real —de su impasible alteridad— tan solo tenemos una idea. Lo real siempre se encuentra ahí, pero como algo ajeno, extraño, otro. Sobre el aparecer mismo de lo real siempre recae la sospecha de que es algo demasiado nuestro —demasiado a medida de nuestra receptividad— como para que merezca nuestra admiración. Y así, mientras tanto, nosotros seguimos con nuestras cosas, yendo de aquí para allá, como si importase.