teatrillo

enero 8, 2012 § Deja un comentario

El tiempo de la reflexión no coincide con los tiempos de la vida. Por defecto, la reflexión te saca fuera de la escena. La situación del espectador no es la del actor. Ambos no pueden ver lo mismo. Una cosa es mirarse al espejo y otra ver cómo te miras al espejo. En el primer caso, percibes, aunque sea de reojo, esa falta de coincidencia —ese hueco, ese déficit— que constituye la posibilidad de decir yo. En el segundo caso, simplemente ves tu propio cuerpo como si fuera el cuerpo de un otro. La cuestión es a quién pertenece la verdad. O mejor dicho: a quién se le dará el derecho a decir la última palabra sobre ese yo que se mira al espejo con una mezcla de fascinación y desprecio.

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