Pierrot le fou

enero 21, 2012 § Deja un comentario

Quien quiera comprender la diferencia entre la religión y el cristianismo podría tomarse un tiempo para ver alguna de las películas del Godard más vanguardista para luego compararlas con las típicas de Hollywood. La diferencia saltará a la vista de inmediato. Lo característico de las películas de Hollywood es, como sabemos, la facilidad con la que te transportan a su mundo o, como suele decirse, te ponen en la piel de los personajes. A través de ellas el espectador participa de lo primordial, de lo que debe ser contado una y otra vez para que nuestra vida pueda tener algún sentido, el que se adquiere, precisamente, por imitación de lo primordial. Las primeras, en cambio, no acaban de transportarte. De hecho, gracias a los recursos típicos de Godard, interrumpen cualquier posibilidad de participar de la historia, obligándote a que caigas en la cuenta, más allá del argumento, de lo que es no es más que cine, a saber, la captura del tiempo. Como si el cine en verdad no fuera otra cosa que lo que queda del cine cuando ya no podemos seguir el argumento. Pues eso.

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