la noche en la que todos los gatos son pardos (1)
enero 23, 2012 § Deja un comentario
Dice Enric Canet en una entrevista para webislam: ‘cualquier religión es buena para llegar a la trascendencia’. Se trata, como sabemos, de una visión ampliamente aceptada por buena parte del cristianismo del buen rollo. En principio, no parece que haya nada que objetar a esta manera de ver el asunto de Dios, pues ¿acaso una montaña no admite diferentes ascensos? ¿Es que no vemos un paisaje siempre desde una determinada óptica o situación? La cuestión, sin embargo, es si YWHW o, mejor aún, si el Dios que se revela en la Cruz debe comprenderse como esa cima que podemos coronar por distintas vías. En verdad, no lo parece. Y es que una cosa es una divinidad que, suponemos, se ubica en otro plano que el tangible y otra muy distinta un Dios que no se da en el modo del presente, sino en el de un porvenir que solo puede realizarse como un inconcebible final de los tiempos. Una cosa es la trascendencia de lo sobrenatural —del poder que interviene en el mundo o le sostiene— y otra la de un Dios que se encuentra más allá de lo sobrenatural como el silencio que cubre el mundo por entero. Una cosa es creer que es posible participar del poder de la divinidad, si uno hace lo debido, y otra muy distinta encontrarse sometido a un mandato tan imposible de cumplir como insoslayable. Enric Canet tendría razón si Dios fuera algo así como el objeto de una visión o un saber, aunque fuese indirecto. Pero la trascendencia del Dios que se revela de una vez por todas en la Cruz, no es la de un Dios que pudiéramos ver más allá del Crucificado. La invisibilidad de Dios es consubstancial y no circunstancial. Dios no es el fuego que podríamos observar si cruzáramos el umbral y del que, de momento, tenemos noticia solo por el humo que provoca. De Dios no hay indicidios, sino en cualquier caso huellas y una huella, como es sabido, nace siempre de una ausencia. O como suele decirse en judío, la huella de Dios es el clamor del pobre. Por tanto, puede que haya diferentes modos de alcanzar lo sobrenatural, pero no hay diferentes modos de llegar a Dios, pues Dios es inalcanzable. De hecho, si hombre se encuentra con Dios, no es porque el hombre haya sido capaz de acceder a Dios, sino porque Dios alcanza a un hombre incapaz de Dios. Y solo hay un modo por el que Dios alcanza hombre, aquél por el cual Dios se vacía precisamente de divinidad hasta coincidir con un Crucificado en nombre de Dios.