la noche en la que todos los gatos son pardos (y 2)

enero 23, 2012 § Deja un comentario

Enric Canet no tiene desperdicio. En la misma entrevista para webislam encontramos la siguiente perla: el islam y el cristianismo en su esencia más profunda están muy cercanos. No sé, la verdad, cómo puede llegar a decir esto. Supongo que porque él entiende que la esencia de ambos es la promoción del amor o algo por el estilo. Sin embargo, lo cierto es que en su esencia no se encuentran, precisamente, cerca que digamos. Pues en el momento que reconoce la Encarnación, un cristiano se sitúa en una orilla muy distinta a la religiosa. Y es que una cosa es encontrarse sometido a una divinidad que se halla entre bambalinas y otra al Dios del séptimo día. Una cosa es ver al Crucificado como un hombre de Dios, entre otros igualmente disponibles, y otra muy distinta decir que de Dios tan solo tenemos un Crucificado. Y esto es así aun cuando siga siendo cierto que lo decisivo ante Dios sea responder al clamor de quienes viven una vida de miseria. La confesión creyente siempre fue un tema demasiado humano como para que pudiera importarle demasiado a Dios. Con todo y quizá por eso mismo, es posible que quienes viven pobremente se pregunten, tarde o temprano, si su confianza en la promesa de Dios es o no una ilusión. Y solo la fe cristiana, que yo sepa, se atreve a responder diciendo aquello tan desconcertante de que Dios cumplió su promesa dejándose colgar de una Cruz para que los hombres pudiéramos comenzar de nuevo. Poca ficción puede haber aquí y sí mucha visión. Aunque luego pocos hombres hayamos estado a la altura de este descenso de Dios.

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