el frotar se va a acabar
enero 26, 2012 § Deja un comentario
Para el creyente no basta con responder a la demanda del pobre como si fuera la demanda misma de Dios. Puede que eso le baste a Dios, pero no puede bastarle al hombre. Un creyente tarde o temprano debe preguntarse qué significa —qué representa— tanto sufrimiento, que el dolor y la muerte vayan de la mano de la vida que nos ha sido dada. Y ahí nos mantenemos: a la espera de una respuesta o, mejor dicho, de una decisión. De momento, lo único que podemos decir es que vida y muerte, luz y tinieblas, son las dos caras de una y la misma trascendencia, la de ese Dios que permanece fuera de campo como ese silencio que envuelve la Creación. Ahora bien, solo porque nos encontramos sometidos a ese silencio, la voz del pobre se nos impone como la voz misma de Dios, esto es, como esa demanda tan insoslayable como insatisfacible. Y lo extraño es que, probablemente, no haya otro modo de librarnos del nihilismo sin caer en la ingenuidad que estando sometidos a un Dios en sí mismo inviable.