aperture 2.0

febrero 9, 2012 § Deja un comentario

¿Qué hay de verdadero en la creencia típicamente religiosa? Pues el hecho de que mantiene nuestra existencia abierta a lo que, de algún modo, nos excede, a la posibilidad misma de lo extra-ordinario, acaso la única realidad, acaso lo único que es en verdad otro. Y es que una cosa es fer pais y otra muy distinta explorar. Una cosa es poseer y otra ofrecer(se). Una cosa es mirarse el ombligo y otra mirar al horizonte.  Una cosa es devorar un cuerpo y otra acariciarlo. Una cosa es utilizar las cosas y otra asombrarse de que se encuentren simplemente ahí. Una cosa es creer ingenuamente de que todo comienza y acaba en ti y otra sentir que formamos parte de aguas que nos cubren. Una cosa es permanecer prisionero de las cuatro paredes de tu circunstancia y otra abrir las ventanas para caer en la cuenta, al menos, de que hay vida más allá del hogar. Las figuras de la creencia religiosa se encuentran, pues, al servicio de una existencia que busca trascenderse, ir más allá de sí misma. Y para eso nada mejor, al menos de entrada, que dar por supuesto que hay más allá. El problema de la creencia religiosa es tomar la imagen por aquello a lo que apunta la imagen, el medio por el fin. El problema es acabar transformando el más allá en una modalidad espectral del más acá. El mundo sobrenatural es un indicador de la genuina trascendencia, su representación sensible. Pero por eso mismo la revela al mismo tiempo que la encubre. La trascendencia tot court no puede comprenderse como otro mundo, sino como lo otro del mundo, como esa nada, ese silencio que envuelve todo cuanto es. En verdad, no hay más apertura que la que sufre Job o el Crucificado. Solo ellos cargan sobre sus espaldas el peso de una trascendencia que en tanto que radical se encuentra incluso más allá de nuestro más allá.

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