persons
febrero 9, 2012 § Deja un comentario
Hay por ahí quien dice aquello de yo creo en las personas. Pero las personas somos quienes no merecemos la más mínima confianza, salvo que se trate de una confianza de ir por casa. Solo hace falta haberse dado una vuelta por los läger de la historia para que ese optimismo naïve se muestre como lo que, de hecho, es: una perfecta estupidez. Y cuando, además, ves que estos optimistas suelen ser creyentes de los buenos, no puedes evitar la sensación de que aquí quien tiene las de perder es, precisamente, ese Dios que tuvo que morir a manos de nosotros, las personas, para que pudiéramos hacernos, cuanto menos, dignos de su confianza.