los pepinos nunca fueron alucinógenos
febrero 11, 2012 § Deja un comentario
Quien cree que Dios tiene al mundo en vilo —quien cree que el mundo se encuentra por entero sometido al juicio de Dios— no posee estrictamente hablando otra visión de Dios. No dice de Dios que es juez como otros dicen que es la fuerza del bondad o el poder que es capaz de intervenir en el mundo a la manera del deus ex machina de las tragedias de Eurípides. Aunque lo parezca, no estamos ante una visión entre otras igualmente disponibles sobre lo divino, del mismo modo que la fuente de Duchamp no es, aunque lo parezca, otra visión de lo bello, sino el cuestionamiento radical del hiato entre la Belleza y las cosas bellas. Quien se encuentra sometido al Juicio de Dios no ofrece otro aspecto de lo divino, sino que cuestiona que Dios mismo pueda ocupar un lugar por encima de la vida del hombre. Un Dios que se encuentra fuera del tiempo, mas allá de la totalidad, no es un Dios que pueda estar presente al modo de la divinidad. Nos equivocamos, pues, cuando intentamos ver qué hechos podrían corresponderse a las declaraciones creyentes acerca de Dios, pues éstas no pretenden decirnos nada sobre Dios, a pesar de las apariencias, sino sobre nuestras representaciones de Dios. Y es que si un Crucificado se revela como Dios mismo es porque, al fin y al cabo, ya no hay Dios que representar. Será verdad que no hay otro arte cristiano que el que se expresó en la provocación de Duchamp.