bienaventurados

febrero 12, 2012 § Deja un comentario

Para los griegos, tan solo un dios podía ser feliz. Al fin y al cabo, los hechos parecían darles la razón, pues la felicidad fue siempre un poder. Por eso la idea de que únicamente los pobres serían en verdad dichosos tenía que venir de la mano de una abrupta interrupción del orden del mundo, estrictamente de su final. Solo hace falta imaginar lo que supuso el anuncio de las bienaventuranzas en la Antigüedad para comprender que no ha habido ni habrá otra revolución que la cristiana. Que las otras revoluciones acaso no sean más que una actualización del ethos cristiano contra un cristianismo que solo ha sabido sobrevivir vendiendo el originario sentido del final de los tiempos por un plato de lentejas.

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