esa mosca cojonera
febrero 12, 2012 § Deja un comentario
Tomándome un café con mis hijas en el bar de la esquina, uno de los indigentes del barrio me pide un cigarrillo. Se lo doy, lo enciende y luego se aleja. Su vida no tiene nada que ver con la nuestra. Los pobres existen y andan como si fueran seres de otro mundo. Ellos y no otros son los verdaderos ángeles. Ellos y no otros nos hablan en nombre de Dios. Hay, pues, muchos hombres y mujeres que viven vidas de miseria. Y morirán como si no hubieran nacido. Ellos, los pobres, están ahí y nosotros seguimos como si tal cosa. Resulta difícil creer que sí o el no de nuestra existencia se decida ante ellos, los malnacidos. Cuesta admitir que, como sostiene el cristianismo, no haya otro modo de relacionarse con Dios que entregándoles nuestra vida. Algunos dirán que no hay que meter a Dios en esto, sobre todo si sigue exigiendo, como siempre, nuestro sacrificio. Que tampoco hay que ir tan lejos. Que basta con unas dosis de compasión. Las que, siendo sensatos, podemos tolerar. Será verdad. Solo que cristianamente no hay vuelta de hoja. Para un cristiano, no cabe otro Dios que el que es crucificado con los crucificados de la Tierra. Demasiado pa’l cuerpo, como suele decirse. Aunque puede que sea cierto que no hay más que dos banderas: la de quienes vivimos como si no hubieran pobres; y la de quien no puede soportar vivir mientras ellos sigan ahí.
