el óbolo de la viuda

febrero 13, 2012 § Deja un comentario

Una cosa es dar las sobras y otra dar lo que a uno le falta. Una cosa es ser generoso —y, sin duda, es mejor serlo que no serlo— y otra dejar de comer para que tus hijos (y los hijos de los otros) no pasen hambre. Una cosa es la hospitalidad de ŀos hombres y otra el óbolo de la viuda. Una cosa son las buenas costumbres y otra el sacrificio de sí. Las buenas costumbres apenas necesitan ser justificadas. Dudo, en cambio, que podamos siquiera comprender el gesto del Crucificado. Dar la vida para que los que hijos de puta puedan renacer ¿acaso no es el absurdo de los absurdos? ¿Qué vió la viuda en los otros pobres para que diera lo poco que le quedaba? ¿Es que no deberíamos admitir la irrupción del espíritu como una enajenación? Será verdad aquello que dice Marc Vilarassau: que la diferencia entre darlo casi todo y darlo todo es infinita. Y luego seguimos esperando que quienes han visto a Dios —o mejor dicho, quienes ven a los hombres con los ojos de un Dios crucificado— sean unos tipos normales.

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