la otra cara de la luna
febrero 13, 2012 § Deja un comentario
Comprender la Cruz únicamente del lado de los hombres, esto es, como si solo se debiera a nuestra incapacidad para aceptar la bondad de Dios, supone privar a la Cruz de su poder revelador. Pues una cosa es decir que los hombres seguimos sin ser capaces de obedecer a Dios, y otra muy distinta decir que Dios mismo, por medio del Crucificado, se pone en manos de los hombres. En el primer caso, Dios sigue siendo lo que siempre fue, a saber, un poder, aunque en este caso se trate del poder de la bondad, mientras que en el segundo, Dios ya no puede seguir siendo el Dios que garantiza la plenitud de quien hace lo debido. Pues un Dios que se deja caer hasta identificarse con el destino de un crucificado no puede valer como esa divinidad en la que confían quienes, al margen del resto de los hombres, pretenden elevarse por encima de la miseria.