los tibios
febrero 16, 2012 § Deja un comentario
No es la primera vez que uno tiene que oir eso de que cristianamente deberíamos poder ser normales. Que uno no tiene que ser un héroe para ser cristiano. Pero es probable que quienes defienden el derecho a la normalidad aun crean que esto de ser cristiano tiene que ver con un ideal o un modelo de vida. Como esas chicas gorditas y con bigote de medio pelo que, estando sometidas a un feroz patrón de belleza, proclaman a los cuatro vientos que ellas tienen el derecho a no ser como Megan Fox… porque, en el fondo, están convencidas de que debieran ser como ella. Es cierto que el cristianismo se ha debatido tradicionalmente entre el seguimiento y la imitación de Jesús de Nazareth. Pero puede que el seguimiento sea más original que la imitación. La imitación es griega u oriental, mientras que el seguimiento es judío. Y es que no se trata de ser perfectos, sino de responder a la voz en grito de los abandonados de Dios. Quienes aun creen que solo siendo perfectos podemos responder perfectamente a la llamada de Dios se olvidan de que en los evangelios quienes son capaces de responder son, de hecho, quienes ya no se preguntan si pueden o no ser perfectos, de tan cubiertos que están de su propia mierda. Cristianamente, quienes pueden responder a Dios son quienes ni siquiera se atreven a mirarse el ombligo para ver si son o no buenos creyentes. Cristianamente, el tema nunca eres tú, sino el otro. Quien responde, no se pregunta si puede ser o no normal. Responde como puede y punto. Así pues, si se trata de responder, se trata de escuchar, no de escucharse. Aquellos que defienden el derecho a la normalidad coinciden, por lo común, con los cristianos del no n’hi ha per tant, aquellos que se sienten muy a gustito con su fe, aquellos que confunden el pan de la eucaristía con un chupa-chups. Son los tibios, los cristianos del primer banco, los que convierten en piedra todo cuanto tocan, los que ven el aguijón del espíritu como una mera provocación. El Jesús que tiene en mente es más bien un Jesús del buen rollo, compasivo hasta la náusea, algo así como el abuelito de Heidi. Su Jesús es un Jesús hecho a su medida, un mito de conveniencia. Pero a Jesús no lo crucificaron por su bondad —que la tuvo—, ni siquiera porque discrepara de los fariseos en algunas interpretaciones de la Ley. De hecho, solo hace falta leer el NT para ver que hay un tipo de cristianos que da asco incluso al mismísimo Jesús. Son los cristianos de Laodicea, los cristianos del ni fu ni fa. Son aquellos que, a causa precisamente de su tibieza, serán vomitados de la boca del Señor (Ap 3:14-22). Pero quizá los tibios estén en lo cierto y sea verdad que no n’hi ha per tant.