maranatha
febrero 16, 2012 § Deja un comentario
Pocos han caído en la cuenta de que el último libro del NT es un libro lleno de esperanza, el Apocalípsis. Pero muchos menos han visto que esa esperanza se sostiene sobre imágenes imposibles. O, por decirlo de otro modo, que la esperanza creyente no puede comprenderse como una posibilidad del mundo. Como si cristianamente no pudiéramos esperar más que la irrupción de un Dios que le ponga al mundo un punto y final. De hecho, la fe en la resurrección y la esperanza apocalíptica van de la mano, pues la resurrección de Jesús de Nazareth, desde el horizonte de dicha esperanza, no significa otra cosa que la siguiente: el final ha comenzado ya. La última palabra del NT —maranatha, esto es, ven Señor Jesús— es propiamente la invocación de unos desesperados que han creído en la resurrección de Jesús, pues solo desesperadamente podemos aguardar con entusiasmo la tábula rasa de un Juicio Final. Como si la resurrección les hubiera dado los ánimos suficientes para desear la catástrofe que invirtiera de una vez por todas el orden del mundo. Nadie podía creer por aquel entonces que la resurrección lo que hizo en verdad fue poner la revolución en manos de los hombres. Pues un Crucificado solo puede estar a la altura de Dios, si Dios cae hasta la altura de un Crucificado. De ahí a la Modernidad —la época en la que la revolución se convierte en una posibilidad del mundo— tan solo hay un paso.