el cambiazo

febrero 28, 2012 § Deja un comentario

¿Qué ha cambiado en nuestras relaciones con lo sobrenatural? Antiguamente, el cielo era, obviamente, un lugar inaccesible y eterno. Todo en el mundo era corrupción, mientras que los astros continuaban ahí, perfectos e inmutables, por encima de nuestras cabezas. Esta situación cambia con Galileo y compañía: el universo pasa a ser uno e infinito y los astros dejan de ser la cifra de una perfección que, como tal, es desterrada al territorio de las meras ideas. La catástrofe tuvo lugar cuando Galileo descubrió que Jupiter era un planeta manchado. Nada queda ya, de por sí, fuera del alcance del hombre. Nada hay que sea de por sí inalcanzable, sino que lo aparentemente inalcanzable es, simplemente, algo que de hecho aún no podemos alcanzar. Y si fuera de por sí inalcanzable, no por ello debería comprenderse como dueño y señor de nuestra existencia. De ahí, que el cristianismo —la religión en general— solo pueda sobrevivir fácilmente a la catástrofe de la Modernidad comprendiendo la relación con la altura de Dios como una relación con lo más íntimo de uno mismo o con la fuerza que sostiene todo cuanto es. Pero con ello, el cristianismo renuncia a su verdad. Y es que la relación con las capas más profundas de nuestra existencia solo puede comprenderse como una relación técnica, si de lo que se trata es de hacer que esas capas afloren a la superficie. Lejos estamos pues de la necesidad de redención donde la única preocupación es la de alcanzar una cierta plenitud.

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