el club de los poetas muertos
febrero 29, 2012 § Deja un comentario
Una humanidad caída necesita un salvador. Una humanidad débil o, simplemente, desorientada, un maestro. De ahí que el cristianismo oscile entre la redención y la ejemplaridad. Dependiendo de quien sea el oyente, Jesús de Nazareth se presentará o bien como aquel que encarna el sacrificio de Dios, el sacrificio que saca al hombre del pozo; o bien como aquel que, imbuido por el espíritu de Dios, le indica al hombre el camino a seguir. Y es obvio que no hay camino que valga para aquellos que habitan las simas de la existencia. Al fin y al cabo, será verdad que el cristianismo sobrevive a la crisis de la apocalíptica, al derrumbe de la esperanza de los pobres, tolerando el gnosticismo que inicialmente condena. No casualmente, los gnósticos no tuvieron mártires.