el ente autónomo
marzo 10, 2012 § Deja un comentario
A veces pienso que uno solo puede ser religioso ingenuamente. Es decir, que uno solo puede practicar la religión allí donde pueda tratar con la divinidad como si fuera una cosa entre otras, aunque su naturaleza sea, sin duda, distinta a la del resto de las cosas. Para quien posee una sensibilidad religiosa, un dios es una fuerza y de lo que humanamente se trata en cualquier caso es de que la fuerza te acompañe. Pero un creyente bíblico se caracteriza por no poderse tomar lo suficientemente en serio un dios que se revela como fuerza. Una fuerza, al fin y al cabo, no es más que una fuerza. De ahí que un creyente no sea aquel que supone algo acerca de Dios, sino aquel que, precisamente porque no puede dar nada por supuesto acerca de Dios, se encuentra sometido al mandato que se desprende de esa falta de Dios. Como ese hijo que solo puede responder honestamente a la voluntad del padre, una vez el padre, porque ha pasado a mejor vida, ya no puede recompensarle por su obediencia. Y es que no haya quizá otra trascendencia que la que otorga la muerte.