Freud, ese judío
marzo 12, 2012 § Deja un comentario
Una cosa es creer que la luz —o la fuerza divina— habita en lo más profundo de uno mismo y otra sostener que lo más profundo, aquello que nos sostiene, es lo extraño, lo que en modo alguno podremos admirtir como propio, al fin y a cabo, lo debe ser negado para que podamos ser quienes somos, hombres y mujeres cuyo carácter o modo de ser es, de hecho, un muro de contención. Una cosa es creer que Dios se encuentra en continuidad con lo que somos y otra que Dios es, precisamente, eso que no podemos admitir sin morir para nosotros mismos. Quienes creen lo primero son gnósticos. Quienes sostienen lo segundo, judíos. Y no es casual que Freud fuera judío, aunque fuera muy a su pesar. En cualquier caso, lo cierto es que la relación que pueda tener un gnóstico consigo mismo es muy distinta a la de un judío. En el primer caso, se trata de hacer dieta, de desprenderse de ese cuerpo extraño que oscurece nuestra existencia. Por el contrario, en el segundo se trata de abrazarlo, aun cuando de hecho nunca podamos hacerlo hasta el final.