la gran cadena del ser
marzo 19, 2012 § Deja un comentario
¿Qué hay al fin y al cabo ahí? Así, de entrada, lo que vemos y tocamos. Aunque quiza estrictamente deberíamos decir lo que podemos ver y tocar. Sin embargo, si podemos ver y tocar las cosas que podemos ver y tocar es porque siempre cabe trascender la visión que en ese momento podamos tener de esas mismas cosas. Vemos lo que vemos porque eso que vemos no acaba de coincidir con una determinada manifiestación sensible. Como si la experiencia de lo real solo fuera posible donde cabe ver más allá de lo que vemos. ¿Qué es, pongamos por caso, una mujer? Si puedes ver un cuerpo disponible —si es un cuerpo disponible— es porque en definitiva no es un cuerpo disponible. Si puedes ver una vida capaz de engendrar vida es porque no es solo una madre. Que de hecho sea una cosa u otra dependerá del alcance de la mirada, de lo que uno sepa capaz de ver. De ahí no se deduce, sin embargo, que la realidad dependa única y exclusivamente de quien la mira. Lo que se deduce propiamente es que hay que saber ver para ver lo que hay más allá de un palmo de tus narices. Pues lo que es no es tanto lo que parece sino lo que aparece.