realismo mágico
marzo 21, 2012 § Deja un comentario
Supongamos que el mundo se acabara en unos cuarenta minutos y que solo tú lo supieras. ¿Qué cambiaría en tu percepción de lo que te rodea? Me atrevería a decir que todo. Todo quedaría cubierto con un aura de irrealidad. Todo te parecería ilusorio. Con lo cual, la impresión de que te hallas ante un mundo real no depende tanto de tus sensaciones como del dar por supuesto que el mundo seguirá ahí en pie, pase lo que pase. Ahora bien, ¿acaso la duración del mundo no es ridícula comparándola con la del cosmos? ¿Acaso lo que aún le queda al mundo no serían unos cuarenta minutos, como quien dice, para la mente de Dios? Por eso para quienes viven las cosas desde el punto de vista de su extrema caducidad —o, por decirlo a la manera de los antiguos estoicos, observando el mundo sub specie aeternitatis— la realidad es, precisamente, aquello siempre pendiente en su experiencia de lo real. Será cierto, como creía el viejo Platón, que el hombre solo puede ir más allá de sí mismo, trascendiendo la estrecha óptica de su sensibilidad, esto es, viendo las cosas con los ojos de la divinidad. Y la cosa se pone aún más interesante cuando esa divinidad se interroga por la vida de quienes yacen en las fosas comunes de la Historia.