agua destilada
marzo 24, 2012 § Deja un comentario
Dios se puso en manos de los hombres para que los hombres pudieran ponerse en manos de Dios. Cualquier espiritualidad que no tenga presente este acontecimiento —cualquier espiritualidad que no arraigue en el corazón de las víctimas— hace de Dios una fuerza, un poder. Pero un Dios que se identifica con los crucificados es un Dios que renuncia a su poder. Al fin y al cabo, si el Crucificado es Señor en nombre de Dios —si en verdad el hombre no puede encontrarse ante otro Dios que no sea una víctima del hombre— es, precisamente, porque Dios no aparece como el poder que ampara la existencia del hombre.