historias

marzo 29, 2012 § Deja un comentario

¿Para qué la Historia? Pues, para no olvidar lo que no debemos olvidar. La cuestión, sin embargo, es qué de lo ocurrido deberíamos tener presente. La historia de las escuelas es, por lo común, la historia de los logros. O, como suele también decirse, la historia de los vencedores. Pero hay otra historia, la que de contar solo cuenta como un negro episodio, la historia del sufrimiento. La historia de los vencedores suele centrarse en los acontecimientos. Por ejemplo, cuando en las escuelas se señala como relevante la fecha del alzamiento nacional (18 de julio de 1936). O de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco (15 de junio de 1977). O la de la entrada de España en la UE (12 de junio de 1985). En cambio, la historia del sufrimiento no puede contarse —no cuenta— del mismo modo. El historiador que pretenda ser fiel a la verdad del sufrimiento no puede centrarse tanto en los hechos como en las voces, en los relatos de quienes padecieron el curso de los acontecimientos. Shoah, por ejemplo, de Claude Lanzmann. Nadie puede hacerse una idea de lo que ocurrió en los läger si no escucha a los supervivientes. Los datos aquí no bastan para tener presente lo que no debe ser olvidado. No es suficiente con saber que los alemanes organizaron campos de exterminio en donde murieron millones de judíos. Es necesario escuchar las historias de los hombres. El dato se olvida o se aparca. Las voces de quienes soportaron el dolor de la historia permanecen como si fueran voces del más allá. Y ya se sabe que nadie olvida la llamada de los muertos.

(NB: estoy convencido de que en la gran mayoría de las escuelas cristianas, quien propusiera otro modo de hacer historia, dentro de los márgenes que dejan los planes de estudio, sería tachado de extravagante. Y luego nos quejamos de que no hayan creyentes.)

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