odisea

abril 2, 2012 § Deja un comentario

Así el hombre no se encuentra en el corazón del ente, sino que ha ido a parar a la tierra del error; ha sido expulsado y puesto fuera de lugar, a semejanza del errante Ulises. Es verdad que el hombre está en medio del incansable flujo de las cosas que le rodean. Sin embargo, lo que le asedia, lo que irrumpe en él, lo que se le ofrece y se le muestra, lo que se le aparece, no es la esencia, no es el ser-en-sí, sino únicamente la máscara, orientada al exterior, de las cosas. Y como el hombre, ante todo, solo se mueve en el ámbito del mero aspecto, de la mera exposición y de la no esencia, entonces el saber humano, mientras se mantenga en esta ubicación, será a la fuerza un saber inesencial, relativo a la apariencia y la exposición. El hombre no sale de la prisión de esta ubicación —en la concepción de Hegel— a través de una brusca «intuición mística» o por medio de algún tipo de magia espiritual, sino única y exclusivamente por medio del largo y penoso camino del pensar, a través de la espinosa vía de la «mediación», que supera y anula, elabora y piensa dialécticamente hasta el final las oposiciones fijas.

E. Fink

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