liberty one

abril 5, 2012 § Deja un comentario

La pregunta por la libertad, entendida como la posibilidad de realizar el propio deseo, resulta ininteligible para quien se encuentra a una cierta distancia de su propio deseo. Como si dicha realización, al fin y al cabo, no tuviera que ver con él. Ahora bien, quien no se reconoce en su propio deseo suele preguntarse que podrá querer en verdad. Y es que, alejado de sus inclinaciones más elementales, no parece que pueda querer algo desde sí mismo. Como si solo pudiera amar sometiéndose a la voluntad de un Padre insatisfacible. Como si no hubiera otra libertad que la de quien se encuentra sujeto a la necesidad de responder a una petición tan ineludible como imposible. No es casual que quien llega a querer algo en verdad esté más cerca de la obsesión que de la tranquilidad de quien hace sus compras.

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