Maimónides
abril 9, 2012 § Deja un comentario
Esa doctrina tan judía de una Creación a partir la nada acaso no pretenda otra cosa que impedir la disolución panteísta de Dios o, lo que viene a ser lo mismo, la identificación de Dios con el Ser. Ahora bien, por eso mismo, quien admite la Creación de la nada debería estar dispuesto a admitir igualmente que Dios se encuentra, como no se cansaba de repetir Maimónides, del lado del no ser. Y de ahí a decir que la Creación consiste en el negarse mismo de Dios hay un paso. Para la sensibilidad bíblica, el mundo no emana, por tanto, de Dios. Dios será el comienzo de la Creación, pero en modo alguno su resultado. La Creación no puede comprenderse, así, como el movimiento reflexivo de un Dios que sale de sí para regresar a sí mismo. El resultado de la Creación es, de hecho, lo otro de Dios, un mundo dejado, precisamente, de la mano de Dios y que, por eso mismo, no puede menos que echar a Dios en falta. Como si la culpa del hombre, ese existir sin Dios mediante, fuera en definitiva el reverso del amor de Dios, el gesto por el cual Dios se niega a sí mismo para que, de este modo, el hombre pueda ser llamado a la existencia.