el diferir
abril 16, 2012 § Deja un comentario
Si la vida de un hombre es significativa es porque representa, aunque siempre sea hasta cierto punto, un arquetipo. Un arquetipo es la personificación de una idea y, por eso mismo, permite que el hombre pueda comprender esa idea como una de sus posibilidades. Lo de menos es si los arquetipos existen con independencia de nosotros —como daban por sentado los antiguos— o, por el contrario, anidan en lo más profundo del inconsciente, como creía Jung. Lo decisivo es que definan un posible modo de ser. Así, una vida significativa puede darse como Patriarca o como Puber; como Profeta o como Sacerdote; como Poeta o como Esclavo; como Explorador o como Oficinista; como Madre o como Vestal; como Divinidad o como Bestia… Ahora bien, para un judío, en tanto que Dios no se caracteriza por un determinado modo de ser, mejor dicho, en tanto que Dios no se caracteriza en absoluto, no hay vida que puede estrictamente representar a Dios. Un Dios que se encuentra más allá de todo ente, un Dios que, por eso mismo, carece de entidad, un Dios cuya realidad es la del silencio que abraza por entero la Creación, no puede darse a la manera de un arquetipo, ni siquiera cuando se trata del arquetipo de la bondad. En cualquier caso, un Dios sin entidad solo puede encarnarse en el hombre sin rostro, un homo sacer, un crucificado. Dios como nada solo puede coincidir con el nadie. Ahora bien, el nadie no es que represente a un Dios que permanece en cierto sentido más allá de ese nadie: de hecho, si es uno con ese nadie es porque la nada de este último esta hecha con la nada de Dios. En definitiva, no es nadie porque Dios no es nada, porque sufre al fin y al cabo la impotencia de Dios, su inexistencia. Es por esto, que bíblicamente, Dios se da por entero en los despojos del hombre, su desnudez, su vergüenza. Y es así que el que va desnudo —el que no es más que su hambre— no representa propiamente a Dios, sino que lo encarna. O, por decirlo de otro modo, si el Crucificado encarna a Dios es porque no hay Dios qué representar.