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abril 16, 2012 § Deja un comentario
Hombre y mujer nunca coincidirán allí donde coincidan. O, por decirlo de otro modo, su coincidencia está hecha de ocultaciones. Y en esto —en una esencial, aunque sutil, falta de transparencia— consiste la habilidad de quienes alcanzan un buen trato. Ahora bien, por eso mismo, porque la coincidencia no es posible, pueden los amantes encontrarse. Hombres y mujeres aspiramos a la coincidencia y quizá las cosas no puedan ser de otro modo. Pero lo cierto es que solo los náufragos llegan a abrazarse.