¿existe?
abril 17, 2012 § Deja un comentario
Quienes se preguntan por la existencia de Dios, ¿qué esperan encontrar que pueda valerles como Dios? De hecho, cualquier respuesta que un creyente pueda darles, nunca podrá ser admitida por ellos como una buena respuesta. Y es que, si es posible preguntarse por la existencia de Dios, es porque nada de cuanto existe puede ya valer como Dios. Un Dios o se da por descontado o no puede darse como Dios. Y hoy, en día, Dios solo puede darse por descontado como un acontecimiento del alma, esto es, como un asunto demasiado privado —demasiado interesado— como para que pueda provocar nuestro estupor. Nada extraordinario puede ya someter por entero la existencia de aquél para quien el mundo es antes que nada lo que le rodea. Y esto vale para los creyentes también. Pues nosotros, creyentes y no creyentes, somos aquellos para los que una divinidad ya no puede valer como Dios. De ahí que todo suponer típicamente religioso solo pueda concretarse como mala fe. En el momento en que Dios se plantea como una posibilidad del mundo —en el momento en que Dios se comprende como aquél que existe como ahora pueda existir cualquier otra cosa, aunque su existencia sea de suma importancia—, Dios ya no puede valer como Dios. Ahora bien, lo cierto es que Dios nunca existió para quien se encuentra sometido a la realidad de Dios. Para el creyente de la tradición bíblica, Dios no se da en los modos del presente. Preguntarse en verdad por Dios es preguntarse, por tanto, por el Señor de nuestra entera existencia. Y no hay otro Señor —no hay nada otro a lo que en verdad nos encontremos sujetos— que el que no existe y, con todo, debería existir. Como no hay Padre verdadero que no esté muerto. Un padre que se encuentre ahí a nuestra disposición es siempre alguien que hace de padre —un progenitor—, alguien con quien podemos alcanzar un buen trato. Aún no se ha revelado como nuestro Padre. Aún podemos saldar las deudas que tengamos con él.