blasfemia
abril 18, 2012 § Deja un comentario
La Biblia es muy clara al respecto: tan solo el pobre es capaz de Dios. Únicamente él está autorizado a hablarnos de Dios o, mejor dicho, en su nombre. Por eso resulta desconcertante que, en muchas de nuestras comunidades más o menos satisfechas, se nos exija compartir nuestra experiencia de Dios como si ella se decidiera por entero en el seno de nuestra interioridad. Y, lo que aún es peor, que nos atrevamos a hacerlo… sin poner al pobre por en medio. Cuando lo cierto es que cristianamente no hay otra experiencia de Dios —no hay otro encuentro con Dios— que el que tiene lugar ante la Cruz. Por eso cuando nos preguntan por Dios, lo primero que deberíamos decir es «había una vez un hombre llamado Jesús (o Grégoire o Romero o Espinal…)». Cualquier otra respuesta —sobre todo aquella que únicamente tiene en cuenta nuestras vibraciones— supone, literalmente, tomar el nombre de Dios en vano. Y a esto, antiguamente, se le llamaba blasfemia.